lunes, 4 de febrero de 2019

¿Español o Castellano?

El lenguaje articulado es una característica de la especie humana. No todas las lenguas humanas tienen expresión escrita, por lo que la expresión oral representa el uso más habitual de lenguaje articulado. ¿No acaso es una dicha contar con al menos un lenguaje e indagar un poco más del mismo? Conocer un lenguaje humano conlleva conocer un complejo sociocultural que es muy difícil de abarcar en su totalidad.

Primero, ¿cuál es el nombre del lenguaje en estas oraciones escritas? ¿Español o Castellano?

Pensé que el idioma español no sólo refiere al español castellano, sino que también hay español gallego, español catalán/valenciano, español aranés, español euskera. Pero eso sólo tendría sentido si quisiera decir que todos los idiomas hablados en el territorio de España también se agrupan en la categoría del idioma español. Eso deja de tener sentido si considero la distinción entre España, como país, y Español, como el nombre del lenguaje (son dos cosas diferentes, claro). En el territorio del país, España, se hablan muchos idiomas además del castellano. Y como el castellano se habla en muchos otros países del mundo, entonces éste se ha identificado como el idioma llamado Español. Por lo que no hay necesidad de complicarse de más al intentar distinguir entre español castellano, español castellano argentino, español castellano mexicano, etc., sino que basta con asumir que español y castellano es lo mismo como nombre del idioma. Además, no he encontrado evidencia de que los catalanes, o los del País Vasco, tengan preferencia alguna por anexar la palabra ‘español’ al nombre de su idioma.

Segundo, dada la aclaración anterior, ya puedo pasar a otras distinciones relevantes: una cosa es «saber hablar español», otra cosa es «saber leer español» y otra muy distinta es «saber escribir español». ¡Hay mucho español por aprender! Por fortuna, a la fecha, hay 23 países con una academia oficial dedicada al estudio y a la reflexión sobre el idioma español: Asociación de Academias de la Lengua Española.

lunes, 22 de octubre de 2018

Una transformación educativa

Ponerse uno mismo en modo retrodidacta es, por ejemplo, interesarse en cuestionar las nociones propias sobre sistemas pedagógicos y su relación con sistemas socioeconómicos. Buscar la adultez intelectual implica cultivar una consciencia crítica sobre la necesidad de evaluar nuevas síntesis entre la diversidad de esos conjuntos de sistemas. Por ejemplo, lo propuesto por Enrique Dussel:

La transformación de la educación hacia la descolonización de la pedagogía.

domingo, 11 de marzo de 2018

«género» y «sexo», otra vez

Sobre el mismo tema de la vez anterior, ahora llama mi atención la siguiente frase en el título de un boletín publicado por un centro universitario tradicional: “Centro de Investigaciones y Estudios de Género”.

Muy bien por los esfuerzos para investigar profesionalmente asuntos de primera importancia de la sexualidad humana. Pero, por favor, y precisamente por tal importancia, sugiero usar un mejor español: no es "género", sino "sexo". "Gender" del inglés no corresponde a "género" en español. En español es "sexo". Por ejemplo, la frase: "Centro de Investigaciones y Estudios Sexuales" o "Centro de Investigaciones y Estudios Inter-sexos" serían un mejor español.

El punto de esta nota es una sugerencia: usar mejor español. Cuánto más en un asunto tan importante y complejo como la sexualidad humana. Por analogía, si una persona redacta con muchas faltas de ortografía, entonces ella misma demerita la relevancia de su propio mensaje y de su supuesta aportación al tema que pretende abordar.

La palabra «género», en un español cultivado, puede indicar una categoría gramatical, i.e., un grupo de palabras, pero eso es algo distinto de su uso vulgar para hacer distinciones insulsas en el intrincado tema de la sexualidad humana. Digo ‘cultivado’ y ‘vulgar’ con referencia al nivel de conciencia sobre los hechos gramaticales y lingüísticos del caso, no en sentido peyorativo alguno.

Aclaro que esto no lo digo yo, sino algunos que demuestran saber sobre español cultivado. Por ejemplo: esta y esta otra.

Por supuesto, como en muchos temas no triviales, también los eruditos en esta materia no están todos completamente de acuerdo, sino que entre ellos hay diferencias de opinión y sus perspectivas, aunque cada una debidamente justificada, difieren. Hay eruditos quienes, por ejemplo, explican que la claridad para comunicar un mensaje hacia determinada audiencia tiene prioridad por encima de la corrección en el uso del lenguaje. Por otro lado, hay eruditos que ofrecen razones por las que tal prioridad aplica para el uso oral del lenguaje, pero no de la misma manera para el uso escrito del mismo.

Los que no somos eruditos, claro, podemos examinar la argumentación dentro del espectro cultivado de opiniones y así evaluar y tener más recursos para aplicar el criterio más adecuado para cada ocasión propia. En otras palabras, la responsabilidad de lograr el justo punto medio necesario para cada ocasión concreta pertenece a cada adulto intelectual, y tal responsabilidad no debe delegarse a segundas ni terceras personas.

domingo, 14 de mayo de 2017

Poder pedagógico

#CHUMELxHBO |¡Menos escuelas! ¡Más educación!

Sí, en parte es cierto: “los adultos” debemos hacer algo con respecto a la educación de las nuevas generaciones. Se supone que nosotros, “los adultos”, sabemos cómo hacer eso. En no pocos casos tal supuesto resulta falso.

Lo que no cabe duda es que, en buena medida, la educación de los chicos proviene no de lo que “los adultos” «dicen» sino de lo que «hacen». Los hechos materiales que los chicos observan en la conducta de “los adultos” en ocasiones tienen más poder pedagógico que cualquier discurso “educativo”.

Por ejemplo, si ahora la moda es “aprender a aprender”, entonces el primer paso no es invadir a los chicos con ese “nuevo” discurso, sino que “los adultos” retomen su propia educación y se hagan cargo de desaprender y reaprender lo que con tanta seguridad decimos saber.

miércoles, 26 de abril de 2017

Sobre erudición y eruditos.

Capítulo 21. Sobre erudición y eruditos.

244. Cuando se ven las múltiples y variadas instituciones erigidas para enseñar y aprender, y la enorme aglomeración de alumnos y profesores, se podría creer que al género humano le importan mucho el conocimiento y la verdad. Pero también aquí las apariencias engañan. Estos enseñan para ganar dinero y no aspiran a la sabiduría sino a aparentarla y a gozar de crédito por ella: y aquellos aprenden, no para adquirir conocimiento y comprensión de las cosas, sino para poder parlotear y darse importancia. En efecto, cada treinta años aparece en el mundo una nueva generación, un jovenzuelo que de nada sabe, que pretende tragarse sumariamente y con toda rapidez los resultados del saber humano acumulado durante siglos, y luego quiere ser más listo que toda la época pasada. Con ese fin se matricula en universidades y echa mano de los libros, los más recientes, que sean contemporáneos suyos y de su misma edad. ¡Todo breve y nuevo!, como nuevo es él mismo. Entonces empieza a juzgarlo todo. — No he tenido en cuenta aquí los estudios realizados para ganarse la vida.

245. Los estudiantes y graduados de todas clases y de todas las edades persiguen solamente información, no comprensión. Se empeñan en tener información de todo: de todas las piedras, plantas, batallas, experimentos, y de todos los libros sin excepción. No se les ocurre que la información es un simple medio de la comprensión y que en sí misma tiene poco o ningún valor; por el contrario, esa es la forma de pensar que caracteriza la mente filosófica. Ante la imponente erudición de aquellos sabelotodo, me digo a veces: ¡Oh, qué poco tiene que haber pensado uno para haber podido leer tanto! …

—Arthur Schopenhauer. Parerga y Paralipómena II.

sábado, 8 de abril de 2017

Filosofía, historia y ciencia

Filosofía, historia y ciencia son algunos temas generales que me han interesado desde hace algún tiempo. En realidad mi interés está, principalmente, en cómo la primera se aplica al servicio de las otras dos; es decir, me interesa la filosofía de la historia y la filosofía de la ciencia. En ocasiones encuentro alguna perla de gran valor en forma de artículo, o de libro, entre el material que exploro.

Hay otros temas, además, que en años recientes han llamado mi atención y que me gustaría llegar a entender mejor; como las disciplinas literarias.

Me gustaría aclarar la razón principal de ese interés diverso: auto-reeducación. Es decir, no para “saber más”, sino para desaprender ideas erróneas, reaprenderlas y para lograr una mayor conciencia de la enorme dimensión de lo que llamo un estado de «analfabetismo científico-filosófico» en el que me voy dando cuenta que estoy y que abarca casi todas las áreas de mi vida personal y profesional.

He elaborado un poco más sobre esto que digo en, por ejemplo, las siguientes dos notas que redacté hace tiempo:


Neo-ilustración y retrodidáctica.


Re-educación.


Aclaro que no estoy a favor de un elitismo intelectual que desdeñe lo afectivo, las emociones y los sentimientos como si fuesen algo inferior a lo meramente lógico-cerebral. Tal elitismo con frecuencia está directamente relacionado con una soberbia intelectual con la que tampoco estoy de acuerdo. Por el contrario, pienso que cualquier persona —como yo: común y corriente— podría sacudirse las tutelas de todo tipo que le subyugan si busca por sí mismo desarrollar sus facultades personales y propias; por ejemplo, al tomar mayor conciencia de que tales tutelas le pueden estar afectando negativamente cuando se tornan excesivas o permanentes. Así, cualquier persona podría lograr un mejor auto-cultivo, más amplio, que incluya tanto lo afectivo como lo intelectual —y el resto de esa complejidad llamada «persona humana»—, y podría así evitar la estrechez de miras de lo meramente intelectual (claro, y viceversa).