sábado, 17 de abril de 2021

«género» y «sexo», mapas y territorios

En ecdótica (crítica textual menor), en filología, existe el método basado en redacción para el análisis de textos. En parte, la idea es lograr aproximaciones a preguntas sobre quién, dónde, por qué, para qué se ‘le ha metido mano’ a un texto publicado en un punto en tiempo y espacio y leído en otro punto distinto de tiempo y espacio. Todo esto para asistir a quien desee lograr interpretaciones más amplias de dicho texto en aun otro tiempo y espacio.

Las palabras del lenguaje, y los conceptos que algunas refieren, son una herramienta natural para expresar y pensar. No son “leyes” de la naturaleza, sino convenciones. Por ejemplo, la palabra «sandía» y la fruta material guardan entre sí –al menos– una relación arbitraria y –por mucho– convencional. En función de un cultivo concreto, tal herramienta puede ser usada con mayor o menor destreza para lograr fines concretos de todo tipo. Si intento expresar mi deseo de comprar esa fruta en particular —mismo ejemplo—, entonces usar la palabra «sandía» contribuye a realizar ese deseo en un diálogo en español con el dueño de la frutería. Por analogía, llegar al destino deseado dependerá de la destreza con la que se use el mapa elegido. ¿Cuánto podría lograr un recién llegado turista a la ciudad de Tokio, Japón, usando un excelente mapa de la ciudad de Managua, Nicaragua? Interpretar el lenguaje, analógicamente, es cartografiar los territorios que deseamos transitar y explorar. Pero a sabiendas de que el territorio mismo no está disponible de manera directa, sino sólo de manera indirecta: a través de mapas lingüísticos, los cuales son conceptuales. Hay muchos mapas y muchos territorios por elegir al intentar lograr nuestros deseos.

A continuación, un ejemplo tomado del texto de una constitución política vigente, el cual podría permanecer vigente por muchos años, décadas, siglos o milenios: la diferencia en composición —las palabras y la estructura elegidas— entre los párrafos indicados en azul es evidencia que sugiere que fueron redactados por dos personas diferentes. Lo cual significa que no usaron el mismo mapa y, por tanto, intentan llegar a destinos diferentes.

Fuente: Constitución política de los Estados Unidos Mexicanos.

sábado, 20 de marzo de 2021

¿Por qué, para qué el lenguaje “inclusivo”?

¿Quiénes proponen ese uso de las palabras del así llamado lenguaje “inclusivo”? ¿Por qué? ¿Para qué? No lo tengo en claro. ¿Quiénes se benefician de ese uso de las palabras?

Aquellas personas que mantienen opiniones y conductas machistas, homófobas, hembristas, misóginas, xenófobas, etc., podrían ser los directamente beneficiados: con una acción tan barata como el vano uso de ciertas palabras de moda pueden hacerse pasar por “incluyentes” y burlar ser identificados entre quienes estamos en esa masa amorfa llamada «público en general».

Ese uso desatinado de las palabras ofrece un muy barato salvoconducto para quienes elijan disfrazarse de “incluyentes”. El esfuerzo ante nuestros problemas sociales es inmenso y lo menos necesario es facilitar la simulación de pretendidas soluciones que no lo son.

Lo que sí es necesario es no esquivar nuestros problemas sociales, sino pensar a fondo el complejo conjunto de asuntos relacionados.

¿Es el lenguaje natural, ordinario y oral una forma de comunicación distinta al lenguaje escrito? ¿Es lo mismo lograr una buena comunicación oral que lograr una buena comunicación escrita? ¿Qué relación hay entre un fenómeno de ‘teléfono descompuesto’ y los analfabetismos oral y escrito? ¿Será positivo saber cómo mejorar el uso propio del lenguaje oral y el uso propio del lenguaje escrito? ¿Será positivo entender qué es el lenguaje per se? ¿Será positivo –o posible– entender un tema complejo como la sexualidad humana cuya existencia es independiente de las palabras del lenguaje?

lunes, 15 de marzo de 2021

¿Cómo atreverse a enseñar un pensar crítico?

«¿Cómo atreverse a enseñar un pensar crítico?»

Esa es una muy buena pregunta, de no fácil respuesta. Lo primero, para mí, sería enfatizar que esa tutela, además de provisional, es opcional: como dije, para los casos en que el infante intelectual la requiera. Es decir, no todos por fuerza deben aceptar tal tutela, algunos incluso no les haría ninguna falta pues pueden ya contar con hábitos autodidactas suficientes para hacerse cargo de su propia auto-reeducación cuando la decidan iniciar o reiniciar. Además, habría muchas opciones disponibles para que un infante –junto con sus custodios– elija quién o quiénes ejercerán tal tutela.

Segundo, quienes ejercen dicha tutela ya demuestran evidencia clara de que ellos mismos han experimentado ciclos recurrentes en su propia auto-reeducación. Demuestran con claridad que ellos mismos tienen rasgos de madurez intelectual y pueden enseñar con el ejemplo. Por mencionar un rasgo, el asunto de su auto-reeducación consiste en una serie activa de proyectos sin un punto final planeado; es decir, es un asunto personal y profesional que no declaran como ya terminado ni tienen contemplado llegar a semejante declaración. Este rasgo es parte de la evidencia por la cual se podría decir que ellos continúan en el proceso de aprender a pensar de manera crítica y, además, pueden compartir sus experiencias al respecto con otros. Por ejemplo, pueden compartir con otros sobre cómo ellos mismos están activamente trabajando en sí mismos para lograr los rasgos de una mente flexible.

Así, por mencionar resumidamente algunos puntos, se podría empezar a contestar la pregunta sobre cómo alguien aprende a pensar de manera crítica (aunque el pensar crítico tan sólo es una parte del pensamiento de orden superior; el cual también incluye el pensar creativo, el «pensar empático/Caring thinking-Matthew Lipman», etc.).

«género» y «sexo», pensar el problema

Las palabras, cierto, pueden herir. Asimismo, las palabras bien elegidas pueden edificar. El lenguaje es una parte enorme en la vida de un animal simbólico, de un mamífero primate, como nosotros. Pero aún más relevante que las palabras como vocalizaciones es lo que pueden representar: conceptos.

Es decir, lo relevante no sólo son las palabras que elegimos usar, sino nuestro esquema conceptual, en la mente propia, con el que interpretamos la realidad externa a nuestra mente y externa a nuestro lenguaje.

Por lo cual, el tema principal de esta serie de comentarios no es sobre la gramática del español, sino sobre cómo pensar problemas relacionados con la sexualidad humana.

Un impulso reflejo para descartar el asunto podría presentarse: “¡¿Qué más da?, «género» o «sexo», es irrelevante, tan sólo son meras palabras!” Sin embargo, podría ser que al descartar el asunto se descarte algo importante. Lo que está en riesgo de ser descartado son distinciones que ayuden a entender mejor nuestros problemas sociales. El asunto principal no está en el nivel de las palabras solamente, sino en el nivel conceptual; es decir, en el nivel de cómo se piensa el problema. Dicho de otro modo, el asunto principal es cómo se conceptualiza el problema, nada más y nada menos. El nivel conceptual se expresa en el nivel lingüístico y las palabras importan pues son la expresión externa del sistema de conceptos con el que se piensa la realidad.

Es prudente no cometer un error categorial al descartar de un solo plumazo el asunto al creer que está en la categoría del debate lingüístico entre prescripción y descripción. Ese supuesto debate está basado en una dicotomía falsa pues hay muchas más posturas además de esos dos extremos de prescripción y descripción.

Si se usa la palabra «género» para referir la sexualidad humana, para expresar el sistema conceptual propio sobre la sexualidad humana, entonces tal expresión ya refleja un pensar confuso y equívoco. Digámoslo folklóricamente: con tal expresión se confunde la gimnasia con la magnesia. Y con eso tan sólo se aporta más ruido y menos señal a una conversación realmente importante para entender mejor la sexualidad humana.

sábado, 13 de marzo de 2021

Nuestros problemas sociales

Algunos de nuestros problemas sociales (e.g., xenofobias, misoginias, supremacismos, androginias, racismos, homofobias, clasismos, hembrismos, machismos, fanatismos de todo tipo) son problemas causados, en parte, por creencias. Esas causas no están en el mundo afuera de la mente y lenguaje humanos, sino que existen sólo en la mente y lenguaje humanos. Tales sistemas de creencias son parte integral de la diversidad de formas de cultura humana. Asimismo, los sistemas escolarizados tradicionales son una parte integral de dicha diversidad cultural. En ocasiones, aquellos sistemas de creencias son parte del contenido impartido en estos sistemas escolarizados tradicionales. Por lo cual, la solución a tales problemas no puede consistir en aumentar el mismo tipo de educación impartida de manera tradicional, sino en disminuir la transmisión acrítica de los sistemas de creencias que son causa de nuestros problemas; en pocas palabras, como alguien ya sugirió: «Siempre que enseñes, enseña a la vez a dudar de lo que enseñas». Nota importante: disminuir la transmisión acrítica no es igual a imponer censuras o represiones culturales de manera acrítica.

¿Es posible enseñar a pensar de manera crítica? La pedagogía, la filosofía de la educación, registra muchos debates al respecto. Quizá es injusto exigir a un infante intelectual que piense críticamente de la nada. Así, de la nada, ¿de dónde podría tal infante obtener tanto la teoría como la práctica necesarias para desarrollar su sentido crítico propio? Sería necesario otorgar tutela intelectual en los casos en que ese infante la requiera, pero para que tal educación sea edificante es requisito que dicha tutela tenga carácter provisional, no permanente, tan sólo durante una muy breve etapa.

¿Qué contendría una tutela intelectual edificante? Una muy breve etapa tutelar podría incluir, por ejemplo, una clara exposición (1) del concepto de integridad científica, (2) de distinciones relevantes entre ideas, creencias, palabras y personas, (3) de la propiedad y el gobierno de la educación propia, (4) de los derechos y responsabilidades sobre la destreza para opinar en sociedad.

El concepto de «infante intelectual» no guarda relación alguna con la edad cronológica de una persona, sino con su edad intelectual. Dado que el intelecto es una característica subjetiva interna, es decir, no visible para los demás excepto a través de la conducta externa individual, la propia persona sería la directamente responsable de estimar su propia edad intelectual. Asimismo, ya que la persona podría también requerir orientación para lograr esta estimación, una tutela intelectual edificante también podría incluir una clara exposición de los rasgos de la madurez intelectual. Incluso así, según las indagaciones de David Denning y Justin Kruger, se requiere un mínimo de capacidad intelectual para poder lograr una estimación balanceada de la edad intelectual propia. Sin ese mínimo, la persona podría nunca saber si tiene o no una muy distorsionada percepción de su propia edad intelectual.

Además, en ocasiones, aquellos sistemas de creencias son parte de lo inculcado por tradición desde el seno familiar. Aquí, también, aportar a la solución de nuestros problemas sociales implica tener mayor conciencia de la diseminación familiar acrítica de esos sistemas de creencias.

El diseño de nuestros procesos culturales humanos, ya sean estos procesos de tipo escolar o familiar, incluyen las causas de nuestros problemas sociales. Estaría en nuestras manos mejorar el diseño de dichos procesos culturales para mitigar o evitar tales problemas.

En pocas palabras, con respecto a nuestros problemas sociales ya mencionados, no es que falte mucha educación en nuestras sociedades. No falta educación, sino auto-reeducación.

domingo, 7 de marzo de 2021

«género» y «sexo», cuando las palabras importan

Una investigación científica del mundo natural, externo a la mente humana, es una investigación de lo extra-lingüístico. Según algunas perspectivas epistemológicas y de la filosofía de la ciencia, un lenguaje humano conlleva constructos culturales inherentes. Lo que quiere decir que el lenguaje es sesgado sin remedio. Por eso el esfuerzo científico implica mucho trabajo muy difícil, tedioso, intenso, para evaluar la expresión lingüística y así intentar filtrar lo más posible esos sesgos. Todo con el objetivo de distinguir los sesgos del lenguaje y de la cultura humana en una investigación científica y distinguir, asimismo, lo que quizá se podrá llamar el mundo extra-lingüístico (el mundo exterior a la mente y lenguaje humanos).

Cuando las palabras importan, cuando importa la lógica formal más básica y tenemos conciencia de que un «concepto» es una forma mental cuya expresión lingüística puede ser una «palabra», cuando queremos entender y comunicar un concepto a otros, entonces las palabras importan.

Cuando las palabras importan, entonces es propicio distinguir que el concepto de sexualidad humana es un concepto científico compuesto y que aún no contamos con una sola palabra en español ordinario para representarlo en su totalidad.

Cuando las palabras importan y estamos comunicando algo sobre sexualidad humana, la palabra en la norma culta vigente del español es «sexo», no «género». Hay más sobre esto en este hilo de comentarios.

«género» y «sexo», notas a la fecha

Mis notas a la fecha sobre «género» y «sexo»:

1. «género» y «sexo».

2. «género» y «sexo», otra vez.

3. «género» y «sexo», una vez más.

4. «género» y «sexo», de nuevo.

5. «género» y «sexo», anécdota.

6. «género» y «sexo», auto-reeducación.

7. «género» y «sexo», las palabras.

8. «género» y «sexo», cuando las palabras importan.

9. Nuestros problemas sociales.

10. ¿Cómo atreverse a enseñar un pensar crítico?.

11. «género» y «sexo», pensar el problema.

12. «género» y «sexo», mapas y territorios.

domingo, 31 de enero de 2021

«género» y «sexo», las palabras

En este hilo de comentarios ya he aclarado que mi intención de fondo es pensar sobre un mejor uso del español. Con un mejor uso quiero decir una mejor comunicación. Una comunicación efectiva con unas cuantas personas ya sea en el vecindario o en la profesión podría no ser suficiente para comunicarse igualmente bien con una audiencia mucho más amplia y diversa. Usar bien el español para comunicarse con habitantes de muchas culturas de habla hispana requiere poner atención a las palabras. El caso de las palabras «género» y «sexo» ha servido de ejemplo en este hilo de comentarios.

La palabra «género» de la norma culta del español refiere varias cosas, pero no refiere a la sexualidad de las personas. A mí me sorprende que algunos especialistas en sociología sean tan semi-analfabetos en el campo de la expresión culta en español. Puede ser que cultiven sus conocimientos en sociología, pero su expresión en español deja mucho por desear y ese tipo de semi-analfabetismo demerita mucho su divulgación científica en español.

Me parece muy bien que haya científicos sociales que estudien los problemas de los machismos, xenofobias, hembrismos, etc. Asimismo, me parece mejor si esos científicos divulgan sus hallazgos usando la norma culta del español.

Además, si al estudiar los problemas del machismo, xenofobias, hembrismos, encuentran que esos problemas se propagan de adultos hacia infantes por la repetición acrítica de nociones socioculturales vulgares (i.e., descuidadas), entonces al repetir el uso incorrecto de la palabra «género» para referir la sexualidad humana están precisamente participando en ese mismo tipo de repetición acrítica de nociones socioculturales vulgares (i.e., descuidadas).

Otro caso de uso de las palabras es la idea del así llamado “lenguaje inclusivo”, e.g., “Les niñes (sic)”: debo reconocer que esa no me parece una buena idea (porque desnaturaliza al lenguaje; es decir, le impone procesos no lingüísticos, sino sociopolíticos). Sin embargo, también reconozco que las comunidades humanas usan las palabras como les sirve para lograr comunicarse. Y lo han hecho sin pedir permiso a nadie y sin poner atención a las normas lingüísticas vigentes. Por eso existen diversidad de idiomas. Usar palabras para comunicar algo no es distorsionar el lenguaje, sino emplearlo.

Asimismo, hay muchos tipos de jerga y diversidad de dialectos usados sólo por unos pocos. Por ejemplo, algunas tribus de científicos en la física de partículas sólo se entienden entre ellos y nadie los acusa de distorsionar el lenguaje. Mientras se puedan comunicar entre ellos no veo ninguna distorsión del lenguaje.

Por otro lado, si algún miembro de esas tribus pretende comunicarse con una audiencia más amplia, por fuera de su tribu, entonces deberá aprender, por ejemplo, un idioma que pueda entenderse por muchas otras tribus en muchas otras geografías. Ese idioma, por ejemplo, es lo que prescribe la norma culta del español: un mínimo común denominador para comunicarse con muchas otras tribus hispanoparlantes. Por lo cual, aprender la norma culta del español es algo práctico para comunicarse con miembros de otras tribus de humanos hispanoparlantes.

¿Qué sería lo recomendable sobre pedagogía hoy en día?

Como estudiante perenne, lo que recomendaría es una pedagogía, i.e., una filosofía de la educación, que deje muy en claro a los educandos desde el principio: (1) que su educación está en sus propias manos como individuos, y no en las manos ni de la familia, ni de la cultura local, ni de colectividad alguna; (2) que las escolarizaciones tradicionales representan tan sólo un muy pequeño fragmento de su cultura local; (3) que conocer las cosmovisiones que ofrece su cultural local sí es muy importante (pues suele ser lo único que hay disponible de manera local), así como lo es igualmente conocer otras interpretaciones y cosmovisiones en otras geografías (con escolarizaciones diferentes); (4) que vivir en una ciudad requiere cultivarse para convertirse no sólo en un ciudadano local, sino en un ciudadano del mundo (un cosmopolita).

E.g., «Siempre que enseñes, enseña a la vez a dudar de lo que enseñas» —José Ortega y Gasset

domingo, 6 de diciembre de 2020

«género» y «sexo», auto-reeducación

Tener una idea muy distorsionada de la capacidad propia es un fenómeno estudiado en psicología social. Ese fenómeno suele clasificarse entre los sesgos cognitivos. Por ejemplo, David Dunning y Justin Kruger publicaron, en 1999, algunos resultados de sus investigaciones al respecto. Con lo cual cabe la duda de si uno padece de ese nivel de distorsión. Quizá cerrarle la puerta a esa duda represente una de las condiciones iniciales del problema per se. Para tener una idea no tan distorsionada de la capacidad propia será necesario darle cabida a esa duda.

Muchos –como yo– no entendemos lo suficiente sobre sexualidad humana y al mismo tiempo no entendemos lo suficiente sobre el español como para estar creyendo que sabemos de ambos campos y mucho menos para defender meras opiniones como si fuesen conocimiento confiable. Algunos otros sí creen saber suficiente de ambos campos como para aparentar gran seguridad al expresarse ante los demás, pero podrían perder de vista que muy pocos son simultáneamente eruditos en ambos campos. Así, hay quienes quizá saben suficiente sobre sexualidad humana, pero son legos para expresar su saber en español. Asimismo, hay quienes quizá saben suficiente sobre español, pero son legos en sexualidad humana. Tengo en claro que para mejorar el entendimiento sobre un tema –como sexualidad humana– es necesario también mejorar el uso de esa herramienta para pensar llamada lenguaje.

Las palabras que elegimos sí importan si buscamos una buena comunicación con otras personas. Sí importan porque las palabras pueden ayudar o pueden estorbar al entendimiento de lo que se dice. Un buen entendimiento es mi punto principal en contra del uso superficial o descuidado de las palabras. Mi punto principal no es insistir en usar o no determinadas palabras, como «género» o «sexo». Eso no es mi punto principal, sino insistir en que para interpretar y conocer algo es necesario primero entender mejor lo que se dice o se escucha. Para eso, un mejor uso de las palabras del idioma puede ayudar. Contar con esa ayuda es parte de una educación para la vida en sociedad.

Este hilo de comentarios no sólo es sobre distinciones entre las palabras del español «género» y «sexo», no sólo sobre sus referentes dentro y fuera del lenguaje, sino también sobre aquello que uno mismo y otros esperan al usar el idioma: una oralización efectiva y una mínima alfabetización. Entre humanos, por lo común, se espera no gruñidos ininteligibles, sino una expresión articulada adecuada para la audiencia de cada ocasión comunicativa. Por lo que el tema general de este hilo de comentarios es, además, la reflexión filosófica sobre esa enorme pregunta: «¿Qué es educación?»

Esa pregunta es relevante al distinguir entre las palabras «género» y «sexo» pues precisamente eso, “educación”, es parte de lo que cada bando demanda de sus oponentes en las disputas sobre clasismos en una sociedad. Esas disputas suelen incluir acusaciones por racismos y por cualquier actitud discriminatoria en perjuicio de determinado grupo de personas, e.g., xenofobia, misoginia, homofobia, hembrismo, machismo, etc.

Quizá cada bando en esas disputas y acusaciones pierde de vista que a sus oponentes no les falta educación. Al contrario, los miembros de cada bando están muy bien educados en las opiniones en disputa. Tal vez cada bando no comparte la misma educación que sus oponentes, pero eso no significa que falte educación. Las opiniones de cada bando fueron instaladas en ellos por efecto de la educación que recibieron.

El tipo de educación que podría hacer falta es la que proviene no de reflejar acríticamente el ambiente sociocultural alrededor, sino de cuestionar la interpretación propia de la educación recibida. Es decir, no se requiere más educación, de esa hay de sobra. Lo que se requiere es auto-reeducación.

Hay dos ámbitos importantes en mi propia auto-reeducación: el pensar científico y el pensar humanista. Aspiro lograr alguna intelección madura y la autocrítica me viene bien para ello. En mi caso, recién tomo mayor conciencia de mi propio analfabetismo sobre la sexualidad humana y sobre el español como lenguaje. Con ‘analfabetismo’ me refiero a un penoso estado desinformado en ambos ámbitos. Por supuesto, la información autorizada o erudita en cada tema por separado ha llegado –claro– de fuentes diferentes y separadas. Por un lado, el científico tiene razón al corregirme en mi inmadura pretensión de querer entender toda la sexualidad de una persona por medio de una sola palabra del español (cualquiera que esa palabra sea). Por otro lado, el literato tiene razón al corregirme en mi inmadura equivocación al usar la palabra «género» para clasificar la sexualidad de las personas pues esa palabra —en la actualidad de la norma culta del español— clasifica otras cosas (grupos de palabras, obras de arte, grupos de especies biológicas) menos la sexualidad de las personas.

domingo, 4 de octubre de 2020

Un todo y sus partes

Ambos son expertos para tantear. Su nivel de ceguera habría impuesto el desarrollo de esa destreza; asimismo, su agudeza para distinguir entre diferentes sonidos, incluyendo esos sonidos articulados llamados «palabras». Para ellos, tantear con sus manos siempre ha sido importante en el proceso de asociar una palabra con el correspondiente objeto a su alcance. Asociar palabras a objetos distantes, como «cielo» o «estrella», ha representado otro nivel de esfuerzo, pero posible gracias a otras de sus destrezas intelectivas.

En esta ocasión, por primera vez, tienen en sus manos un artefacto utilizado como medio para soportar otros objetos. Se trata de un armazón de tres patas o pies. El concepto ha quedado impreso en sus intelectos con tal claridad que, si tuviese manifestación física, tal impresión brillaría con la misma intensidad de un amanecer para quienes gozan del sentido de la vista.

Ahora, con mucho cuidado, como parte de su tanteo, con titubeos lentos, pero seguros, experimentan la función del artefacto con respecto a otros objetos. Al continuar su proceso para formar un nuevo signo lingüístico, ahora proceden con otro paso, igualmente relevante, el asociar dicho concepto con palabras: «trípode» y «tripié» son ahora asimiladas, por completo saboreadas, por su nítida audición.

De ahora en adelante, tanto función, palabras y artefacto quedan amalgamados con coherencia, sentido y significado como un todo y sus partes. Así, su ceguera no representa ahora ningún impedimento para distinguir que cualquier otro objeto con una, dos o cuatro patas representaría cualquier otra cosa, excepto este nuevo concepto recién digerido.

Por analogía, aprender este concepto les ayudó cuando se formaron una idea clara de otros conceptos que también son síntesis de tres cosas; por ejemplo, les asistió para saber –nada más, y nada menos– qué es tanto el fuego y la combustión (oxígeno, combustible y temperatura), como el pensamiento científico actual (racionalismo, empirismo y escepticismo).

domingo, 3 de mayo de 2020

«género» y «sexo», anécdota

La siguiente anécdota está directamente relacionada con el tema de este hilo de comentarios.

De joven, recuerdo usar la palabra «género» para referirme a la sexualidad de una persona. Hace algunos años tomé cursos con este autor* para aprender a redactar en español. Ahí aprendí que la palabra «género» no es adecuada para referir la sexualidad de una persona. Para eso el español ya cuenta con la palabra «sexo». Una redacción en español es más clara de esa manera.

* Sandro Cohen.

Aprender eso me hizo reflexionar en que mi equivocación juvenil se podría explicar, en parte, por la influencia de mi medio sociocultural de esa época: tan sólo repetí acríticamente la misma palabra que otros usaban. Así también podría explicar la marcada homofobia que yo tenía de joven: adquirida o contagiada socioculturalmente. ¿No acaso así también se adquieren otros excesos o errores en la sociedad, e.g., misoginias, racismos y demás injusticias socioculturales?

En búsqueda de madurez intelectual, la autocrítica ha sido de ayuda. No sólo para mejorar mi español, sino también para entender que los signos del lenguaje pueden connotar o pueden denotar. El «género» gramatical es un ejemplo de connotación: refiere algo en el mismo lenguaje, i.e., refiere grupos distintos de palabras, e.g., género masculino, género femenino. Por el contrario, la palabra «sexo» es un ejemplo de denotación, i.e., refiere algo afuera del lenguaje, e.g., la sexualidad de una persona.

Por un lado, las connotaciones son parte del estudio del lenguaje. La sexualidad humana, por otro lado, es estudiada por disciplinas diferentes al estudio del lenguaje. Un estudioso del español tiene razón al corregirme en el uso de las palabras del español. Un estudioso de la sexualidad humana tiene razón al corregirme por mi antigua creencia falsa de que sólo existen dos sexos.

lunes, 2 de marzo de 2020

Cuando el mensaje importa

—¿Cuándo las palabras son importantes?

—Cuando las palabras son importantes.

—Sí, ¿cuándo es eso?

—Depende.

—¿De qué depende?

—Del texto, del contexto, del pretexto, etc.

—¿Qué es eso?

—Cuáles palabras se dicen, qué dicen, cómo se dicen, quién las dice, a quién se dicen, cuándo se dicen, por qué se dicen, para qué se dicen, etc.

—¿Todo eso da importancia a las palabras o es acaso que lo importante es el mensaje y no las palabras?

—Las palabras son una parte del mensaje. Las palabras, como cualquier otro signo lingüístico, pueden ayudar o pueden estorbar al mensaje.

—¿Y cuál es la importancia del mensajero, y de la audiencia, y del medio? ¿Qué es la relación entre ruido y señal? ¿Cómo ocurren la distorsión y la tergiversación?

—Con tu propio interés en mano, para empezar, busca entender las distinciones más básicas entre lenguaje ordinario y lenguaje científico.

—Pero eso suena mamón y pedante.

—Así es. ¿No lo sabías? Se llama pensamiento científico: en el cual las palabras importan cuando importa comunicar ya sea algo general, o algo particular o algo específico –según sea el caso; en el cual las palabras importan cuando importa comunicar algo con menor margen para interpretaciones desatinadas.

—¿Es decir que un pensar científico y un lenguaje científico se usan para sonar mamón y pedante?

—Yo digo que se usan cuando el mensaje importa.

domingo, 22 de diciembre de 2019

«género» y «sexo», de nuevo

La vez anterior mencioné una perspectiva por la que decir ‘género’ en lugar de ‘sexo’ es un equívoco. Tal equívoco consiste en tropezar con la aparente ambigüedad, por ejemplo, de la frase ‘el género femenino’. Pareciera que se habla del conjunto de mujeres o pareciera que se habla de la categoría gramatical de ciertas palabras del idioma español. Pero, si un pensar claro y una expresión lingüística clara requiere menor ambigüedad, y sobre todo al pensar y al expresar algo relevante, entonces debe quedar claro si se refiere a palabras o a personas pues no son lo mismo. Las palabras refieren a algo, las palabras no son ese algo.

Por supuesto, no es ninguna blasfemia equivocar ‘género’ por ‘sexo’. No hay injuria ni agravio alguno en contra de nadie por tal equivocación. Cualquier actitud policial o represora por faltas gramaticales en el uso cotidiano del lenguaje es una actitud torpe. Sin embargo, por otro lado, hacer expresiones lingüísticas de manera descuidada sobre un tema importante sí puede causar desencuentros entre personas. A veces, sí hay consecuencias por confundir la gimnasia con la magnesia. Cada uno es responsable de, primero, entender lo que se pretende decir y, segundo, cada uno debe ser dueño de cómo emplea sus propias palabras para expresar dicho entendimiento. El lenguaje per se no es el fin, sino un medio para pensar y para comunicar y discutir sobre temas importantes, e.g., la sexualidad humana. Entre mejor se entienda algo y entre mejor se conozca el lenguaje, mejor se podrá comunicar ese entendimiento. En ese sentido, conviene considerar la norma culta del español (ver Norma culta y el contexto sincrónico de una equivocación).

Así, algunas preguntas clave antes de hacer expresiones acríticas serían (1) ¿Entendemos cómo funciona el lenguaje? y (2) ¿Entendemos qué es la sexualidad humana? Por fortuna, podemos evaluar variedad de fuentes sobre esas preguntas y evaluar el nivel de autoría de cada una. Claro, muchos de nosotros no podemos hacer dicha evaluación en un nivel erudito, pero las habilidades superiores de lectura ayudan a evaluar, de manera cultivada, cualquier argumentación. El punto principal es el hábito personal para mejorar o cambiar nuestras propias opiniones sobre temas importantes.

sábado, 14 de diciembre de 2019

«género» y «sexo», una vez más

El discurso cotidiano suele estar plagado de meras opiniones, por eso conviene distinguir entre mera opinión y conocimiento. Cualquiera logra meras opiniones, pero cultivar conocimiento requiere no poco esfuerzo autocrítico. Por tal autocrítica tengo alguna conciencia del elevado grado de propensión al error propio. Por eso, ahora cuestiono mis ideas previas sobre algún tema de mi interés: para identificar mis meras opiniones, mis falacias y mis tropiezos cognitivos al seguir la corriente del lenguaje cotidiano y al repetir acríticamente palabras que en realidad no entiendo. Por ejemplo, en el pasado repetí acríticamente la palabra ‘género’ al referir la sexualidad de una persona, pero fue un error (el nombre técnico en materia de lógica para tal falacia es equivocación). Error que ahora me explico por mi estado semianalfabeta en materia tanto del idioma español como en materia de sexualidad humana.

Si me interesa aprender sobre sexualidad humana –como materia de estudio y de reflexión–, entonces no pregunto a quien sólo ofrece meras opiniones al respecto, sino a quien tenga hábitos de autocultivo intelectual sobre el asunto. Asimismo, si me interesa aprender sobre idioma español, o sobre alguna otra materia, entonces busco fuentes autorizadas y evalúo el nivel de consenso y de disidencia sobre el tema entre tales fuentes, así como los umbrales de ortodoxia y heterodoxia entre publicaciones eruditas. Algunas preguntas estándar me orientan durante esa evaluación: ¿qué?, ¿quién?, ¿cómo?, ¿cuándo?, ¿dónde?, ¿por qué?, ¿para qué?, etc. También, claro, evalúo mi experiencia directa con las cuestiones. El interés por pensar más a fondo una materia es el combustible detrás de todo este empeño.

Sobre el tema de la ocasión anterior, el idioma español ya cuenta con la palabra ‘sexo’ para denotar la sexualidad de una persona. Por otro lado, la palabra ‘género’ se usa para connotar una categorización. La diferencia entre denotar y connotar puede ayudar a esclarecer la relación entre las palabras y las cosas. Algunas palabras, como símbolos lingüísticos, son señales que apuntan hacia, refieren, algo. Si ese algo está en el mundo extralingüístico, entonces, el símbolo denota. Por otro lado, si ese algo permanece en el propio lenguaje, entonces el símbolo connota. Así, ‘sexo’ denota las propiedades sexuales de una persona, las cuales existen por sí mismas con independencia del lenguaje. A la inversa, con ‘género’ referimos una categoría que sólo existe en el mundo de las ideas y del lenguaje; es decir, esa categoría o agrupación es connotada por la palabra ‘género’, pero tal categoría o clasificación, per se, no corresponde a nada concreto y existente afuera del lenguaje.

La sexualidad humana, el sexo de una persona, es algo complejo y múltiple. Al menos, tiene cuatro aspectos: (1) lo biológico (genes, órganos genitales, mezcla endócrina congénita, etc.); (2) la identidad sexual en la psique propia; (3) la atracción sexual hacia otros; (4) la expresión sexual propia ante los demás en la vida social. El sexo de una persona, por tanto, es el resultado de muchas posibles combinaciones entre tales aspectos de lo sexual en el animal humano y tiene existencia real y efectiva con independencia del lenguaje.

Cada uno interpreta la realidad principalmente a través del lenguaje y no contamos con muchos otros recursos adicionales pues nosotros los humanos somos animales simbólicos. Es decir, nosotros los humanos hacemos aproximaciones a la realidad por medio de relatos y narrativas ancladas principalmente en el lenguaje. Tiene sentido, entonces, tener más conciencia de cómo funciona el lenguaje para así distinguir mejor lo que está sólo en el lenguaje de aquello que tiene existencia independiente del lenguaje.

viernes, 3 de mayo de 2019

Grado de conciencia

Me llama mucho la atención el aprendizaje, en general. Es decir, el aprendizaje humano. No me interesa la enseñanza, sino el aprendizaje. No me interesa enseñar, sino aprender. ¿Me interesa aprender a enseñar? Si el gremio magisterial tradicional pretende monopolizar la enseñanza, entonces no me interesa aprender a enseñar. Me interesa enseñarme a aprender: me interesa darme lecciones a mí mismo sobre el aprendizaje y sobre la metacognición. Intento ser un perenne aprendiz.

No me interesa la educación entendida como certificación porque –precisamente– no certifica la destreza, sino participa en simulaciones.

Por el contrario, si por educación se entiende enseñar a pensar y aprender a pensar, entonces sí estoy interesado en la educación entendida como los esfuerzos en una comunidad cooperativa de indagación.

Entre los primeros hallazgos básicos sobre la acción de pensar está la distinción entre tres elementos con estructuras cognitivas diferentes entre sí: dato, información y conocimiento. El año pasado mencioné más sobre esa distinción en la publicación: Re-Educación versus Rezagos.

Quizá el grado de conciencia sobre esa distinción marque drásticamente la diferencia en resultados entre diferentes iniciativas de «cambio cultural» para lograr esa deseada «transformación digital» en muchas organizaciones.

sábado, 16 de marzo de 2019

Teorías y Prácticas

Si de caminar se trata, entonces la pierna izquierda no es lo mismo que la pierna derecha, pero lo que sí es lo mismo es la importancia de cada una, si de caminar se trata. Asimismo, el pensar y el actuar no son lo mismo. Lo que sí es lo mismo es la importancia de cada facultad, si de vivir se trata.

La aptitud para pensar es tan importante como la aptitud para actuar: la calidad de una afecta a la otra. Un pensar bien logrado tiene su formulación como teoría. Un actuar bien logrado culmina en práctica. La calidad teórica y la calidad práctica, ambas, tienen la misma importancia.

Calidad teórica y calidad práctica

Ahora, si se trata no sólo de vivir por vivir, sino de vivir mejor, entonces el asunto requiere evaluar ambas, tanto la calidad teórica como la calidad práctica. No toda teoría es igual; hay teorías mejores que otras. Igualmente, no toda práctica es igual; hay prácticas mejores que otras. Hay personas que viven mucho mejor que otras en determinado ámbito o en determinada combinación de ámbitos (la vida humana tiene muchos ámbitos; por ejemplo, el ámbito personal, sexual, emocional, sentimental, religioso, familiar, laboral, social, cultural, profesional, económico, político, geográfico, histórico, etc.).

Una práctica y una teoría, como objetos singulares, tienen propiedades que determinan su calidad. Algunas de esas propiedades se encuentran en ambos objetos; por ejemplo, su esquema. El esquema es aquello que delimita una determinada teoría o práctica; es el bastidor conceptual dentro del cual ocurre tal teoría o práctica, es aquello que configura sus límites, es su estructura. Así, la calidad de una práctica o una teoría, en parte, se debe a la calidad de su correspondiente esquema. El dicho «No se le puede pedir peras al olmo» se aplicaría al caso en que los efectos de una teoría o práctica son evaluados por fuera de su correspondiente esquema.

En ocasiones, mejorar la calidad de una práctica o de una teoría requiere muchas horas para ensayarla repetidamente hasta lograr un siguiente nivel en las destrezas involucradas; y dentro de los límites de su correspondiente esquema. En otras ocasiones, «no se le puede pedir peras al olmo»: la mejora no requiere repetir, sino reemplazar dicho esquema por uno más adecuado o más amplio.

La siguiente lista de guías —que refiere diferentes esquemas conceptuales— puede servir en la búsqueda de esquemas más adecuados o más amplios:

Guía para el desarrollo del pensamiento fáctico.

Guía para el desarrollo del pensamiento emocional.

Guía para el desarrollo del pensamiento crítico.

Guía para el desarrollo del pensamiento optimista.

Guía para el desarrollo del pensamiento creativo.

Guía para el desarrollo del pensamiento metacognitivo.

lunes, 4 de febrero de 2019

¿Español o Castellano?

El lenguaje articulado es una característica de la especie humana. No todas las lenguas humanas tienen expresión escrita, por lo que la expresión oral representa el uso más habitual de lenguaje articulado. ¿No acaso es una dicha contar con al menos un lenguaje e indagar un poco más del mismo? Conocer un lenguaje humano conlleva conocer un complejo sociocultural que es muy difícil de abarcar en su totalidad.

Primero, ¿cuál es el nombre del lenguaje en estas oraciones escritas? ¿Español o Castellano?

Pensé que el idioma español no sólo refiere al español castellano, sino que también hay español gallego, español catalán/valenciano, español aranés, español euskera. Pero eso sólo tendría sentido si quisiera decir que todos los idiomas hablados en el territorio de España también se agrupan en la categoría del idioma español. Eso deja de tener sentido si considero la distinción entre España, como país, y Español, como el nombre del lenguaje (son dos cosas diferentes, claro). En el territorio del país, España, se hablan muchos idiomas además del castellano. Y como el castellano se habla en muchos otros países del mundo, entonces éste se ha identificado como el idioma llamado Español. Por lo que no hay necesidad de complicarse de más al intentar distinguir entre español castellano, español castellano argentino, español castellano mexicano, etc., sino que basta con asumir que español y castellano es lo mismo como nombre del idioma. Además, no he encontrado evidencia de que los catalanes, o los del País Vasco, tengan preferencia alguna por anexar la palabra ‘español’ al nombre de su idioma.

Segundo, dada la aclaración anterior, ya puedo pasar a otras distinciones relevantes: una cosa es «saber hablar español», otra cosa es «saber leer español» y otra muy distinta es «saber escribir español». ¡Hay mucho español por aprender! Por fortuna, a la fecha, hay 23 países con una academia oficial dedicada al estudio y a la reflexión sobre el idioma español: Asociación de Academias de la Lengua Española.

lunes, 22 de octubre de 2018

Una transformación educativa

Ponerse uno mismo en modo retrodidacta es, por ejemplo, interesarse en cuestionar las nociones propias sobre sistemas pedagógicos y su relación con sistemas socioeconómicos. Buscar la adultez intelectual implica cultivar una consciencia crítica sobre la necesidad de evaluar nuevas síntesis entre la diversidad de esos conjuntos de sistemas. Por ejemplo, lo propuesto por Enrique Dussel:

La transformación de la educación hacia la descolonización de la pedagogía.

domingo, 11 de marzo de 2018

«género» y «sexo», otra vez

Sobre el mismo tema de la vez anterior, ahora llama mi atención la siguiente frase en el título de un boletín publicado por un centro universitario tradicional: “Centro de Investigaciones y Estudios de Género”.

Muy bien por los esfuerzos para investigar profesionalmente asuntos de primera importancia de la sexualidad humana. Pero, por favor, y precisamente por tal importancia, sugiero usar un mejor español: no es "género", sino "sexo". "Gender" del inglés no corresponde a "género" en español. En español es "sexo". Por ejemplo, la frase: "Centro de Investigaciones y Estudios Sexuales" o "Centro de Investigaciones y Estudios Inter-sexos" serían un mejor español.

El punto de esta nota es una sugerencia: usar mejor español. Cuánto más en un asunto tan importante y complejo como la sexualidad humana. Por analogía, si una persona redacta con muchas faltas de ortografía, entonces ella misma demerita la relevancia de su propio mensaje y de su supuesta aportación al tema que pretende abordar.

La palabra «género», en un español cultivado, puede indicar una categoría gramatical, i.e., un grupo de palabras, pero eso es algo distinto de su uso vulgar para hacer distinciones insulsas en el intrincado tema de la sexualidad humana. Digo ‘cultivado’ y ‘vulgar’ con referencia al nivel de conciencia sobre los hechos gramaticales y lingüísticos del caso, no en sentido peyorativo alguno.

Aclaro que esto no lo digo yo, sino algunos que demuestran saber sobre español cultivado. Por ejemplo: esta y esta otra.

Por supuesto, como en muchos temas no triviales, también los eruditos en esta materia no están todos completamente de acuerdo, sino que entre ellos hay diferencias de opinión y sus perspectivas, aunque cada una debidamente justificada, difieren. Hay eruditos quienes, por ejemplo, explican que la claridad para comunicar un mensaje hacia determinada audiencia tiene prioridad por encima de la corrección en el uso del lenguaje. Por otro lado, hay eruditos que ofrecen razones por las que tal prioridad aplica para el uso oral del lenguaje, pero no de la misma manera para el uso escrito del mismo.

Los que no somos eruditos, claro, podemos examinar la argumentación dentro del espectro cultivado de opiniones y así evaluar y tener más recursos para aplicar el criterio más adecuado para cada ocasión propia. En otras palabras, la responsabilidad de lograr el justo punto medio necesario para cada ocasión concreta pertenece a cada adulto intelectual, y tal responsabilidad no debe delegarse a segundas ni terceras personas.