domingo, 24 de abril de 2016

¿Qué es la democracia?

http://dle.rae.es/democracia

¿Qué es la democracia? Muy importante y pertinente pregunta. Para tomar en serio el asunto —aquí también, como en religión, ciencias, historia, etc.— conviene revaluar nuestras nociones en el asunto pues de otro modo no sería posible lograr cada vez un mejor entendimiento de conceptos políticos.

La democracia depende del gobierno de los ciudadanos, el pueblo, los representantes del pueblo, los miembros de una sociedad. Por tanto, la función o la disfunción de una democracia dependerán de si tales saben y pueden, de hecho, gobernar. No faltan quienes afirmar saber y poder hacerlo, pero en los hechos su acción política se reduce a la administración de la escasez pública y de la bonanza privada (una plutocracia). Entonces, ¿saben y pueden gobernar una democracia o no? Si no, entonces no es democracia.

Claro, hay muchos tipos de democracia. Quizá un ingrediente, entre muchos, para pasar de una democracia representativa hacia una democracia participativa es esa revaluación personal de nuestras nociones en el asunto. Así podríamos dejar el juego que jugamos al llamar democracia a lo que resulta, en los hechos, tan sólo una plutocracia simulada. Ese ingrediente incluye encarar el hecho de que para llegar a saber y poder gobernar es necesario empezar a nivel personal: ¿cómo es posible gobernar a otro si uno es incapaz de gobernarse a sí mismo?, ¿cómo regir, mandar, guiar y dirigir a otro si uno es incapaz de reconocer y repensar nociones previas sobre el asunto?

¿Cuáles deben ser los límites de una democracia funcional? ¿No acaso la decisión democrática de ejecutar a Sócrates, en la Grecia antigua, es un ejemplo de una democracia disfuncional?

Por último, si una democracia implica igualdad de derechos individuales, también implica igualdad de obligaciones individuales.

sábado, 13 de febrero de 2016

Yo soy muy práctico

—Yo soy muy práctico.

—¿Qué quieres decir?

—Pues que soy muy orientado a la acción inmediata y que no desperdicio tiempo pensando más allá de lo primero que me llega a la mente.

—Comprendo. ¿Nunca te preguntas si eso podría hacerte cometer errores graves?

—Eso no me hace falta. He logrado mucho en la vida y seguro se debe a que soy muy práctico.

—¿Seguro?

—Sí. Yo soy muy práctico.

—Tanta seguridad es algo raro, ¿nunca has tenido al menos un poco de escrúpulo?

—Al contrario, lo común es estar muy seguro de lo que uno piensa y hace. Entre más seguridad demuestro más apantallo a los demás y provoco que las cosas sucedan como yo las veo. ¡Así es como funciona el mundo! Yo soy muy práctico.

—No dudo que, en parte, el mundo “funciona” de esa manera —si al estado del mundo actual lo llamas “funcionar”—. Pero a lo que tú llamas “práctico” a mí me suena casi como negligencia. Si te miras, podrás ver a alguien con facultades naturales, eres inteligente y una persona sensata; además, no eres un caso desesperado pues sí tienes recursos económicos, acceso a la lectura y a medios de información. ¿Por qué, entonces, eliges un proceder descuidado y basado en el pensamiento unidimensional?

—¡Patrañas! Me haces perder mi tiempo. Hasta nunca. Yo soy muy práctico.

domingo, 31 de enero de 2016

¿Virtud epistémica?

«No estoy tan cegado como para suponer que puedo dar una respuesta satisfactoria.»

Si pienso en alguna pregunta relevante, entonces la proposición anterior queda antepuesta a cualquier aproximación de mi parte al tema de la pregunta.

Ya lo dijo aquel: lo que conocemos es una gota, lo que desconocemos es un océano.

Tanto es así que quien se satisfaga con una sola respuesta quizá comete un error, un vicio, un tropiezo por la ceguera de la soberbia intelectual.

¿Cómo tomar conciencia de ese vicio? ¿Es posible evitarlo? ¿Qué es y cómo puede intentarse una virtud epistémica?

Para iniciar un proyecto en epistemología de la virtud sería necesario primero tomar más conciencia de mis límites y mis insuficiencias en un tema dado; es decir, de mi ceguera al respecto.

miércoles, 7 de octubre de 2015

Adoctrinamiento escolar

¿Qué dice de mí que haya logrado una certificación de algún sistema educativo escolarizado tradicional (cualquier certificación tradicional)? Puede decir varias cosas; por ejemplo: (1) que aprendí a memorizar y a repetir dócilmente los contenidos para aprobar los exámenes de dicha certificación, (2) que acaté indicaciones y que aprendí a orientarme por el principio de autoridad, (3) que sé mantener un silencio cómplice que acepta tácitamente desordenes e incongruencias entre las meras apariencias y los hechos materiales de ese sistema educativo escolarizado tradicional, etc. En otras palabras: que aprendí a obedecer con docilidad y que tengo aptitud como empleado de una organización de estricto comando y control jerárquico, o que estoy bien preparado para engrosar la masa social acrítica que pasivamente acepta todo lo que se le dice.

Como padres de familia, claro que intentamos hacer lo mejor para nuestros hijos. Una evidencia de ello es el número de papás y mamás que asistimos a una reciente reunión sobre el periodo escolar en secundaria que cursan nuestros chicos. Llamó mi atención el interés y la disposición de no pocos padres por estar al tanto de todo posible detalle que fuese útil para ayudar a sus hijos a cursar lo mejor posible el periodo escolar.

Pero lograr muy buenos resultados escolares quizá no resulte tan relevante para lo que realmente necesitamos como sociedad: entre otras cosas, aprender cómo pensar, no sólo qué pensar.

sábado, 11 de julio de 2015

¿Sociología de la educación?

El comentario original que acompañó a la viñeta invitó a contribuir "...reflexiones, pronunciamientos respetuosos y planteamientos de altura académica."

La viñeta bien podría tener la intención de hacer tropezar al incauto con sus propios prejuicios. Podría ser un humorismo que expone el grotesco caso de aquel que teniéndose por educado tan sólo es víctima de las miserias de la escolarización. Por ejemplo, ¿qué le hace suponer que de los dos personajes en la viñeta el inculto es quien hace trabajo manual?

Aceptar la idea de que los sistemas de escolarización poseen el monopolio de la educación y del cultivo humano es parte del tipo de miseria que esta viñeta podría intentar exponer.

Mi punto es que la escolarización y los sistemas derivados de la escolástica (filosofía de la escuela) no tienen el monopolio del cultivo humano. Mucho menos los sistemas que tienen como máxima la producción en serie de “productos” (personas certificadas) para alimentar la misma maquinaria socioeconómica industrializada que pone al consumismo y al mercantilismo por encima del cultivo humano.

Si la única forma en que una persona puede ser cultivada fuesen los sistemas escolarizados entonces no sería posible el auto-cultivo. Por fortuna, no es así. Dependiendo del campo, hay quien cree saber porque consiguió alguna certificación escolar, y cree lo que la misma escuela le dicta: “te dimos bases”. Pero, por ejemplo, con frecuencia leo lo escrito por alguien así y no parece tener la más básica capacidad de ordenar en su mente y luego articular una idea con claridad con un mínimo de dominio de su propia lengua. El supuesto es que la escuela le da bases mínimas a las personas, pero pregunto: ¿eso realmente ocurre?

Quizá la viñeta me dio ocasión para pensar en lo irónico de muchos casos que encuentro con frecuencia de personas que supuestamente fueron cultivados por un sistema escolarizado universitario. Casos en los que supuestamente habría capacidad para desempeñar una profesión con competencia. Casos en donde supuestamente existe una profesión universitaria, pero que hacen dudar de si realmente existen esas supuestas “bases” que da la escuela. El ejemplo más frecuente y grotesco es esa especie de corrupción del lenguaje que escucho en el supuesto profesional universitario que al hablar usa la palabra “güey” dos o tres veces en cada frase.

La pregunta «¿qué es educación?» tiene hoy más sentido que nunca. Tiendo a coincidir con lo dicho por Hans-Georg Gadamer: «educación es educarse».

domingo, 28 de junio de 2015

¿Aprender cómo pensar?

Artículo: El 90% de la población no sabe cómo pensar.

Si esto es cierto entonces me pregunto en qué medida la escuela realmente juega el papel predominante en la causa raíz en comparación con el individuo mismo. Habría quienes prefieren desarrollar otros aspectos de su persona, y que prefieren cualquier otra cosa menos aprender a pensar debido a que “eso no es práctico”.

Por supuesto, un buen maestro haría la diferencia, pero saber cómo pensar es algo que el individuo deberá querer hacer por él mismo, y deberá asimismo atenerse a las consecuencias de pensar por sí mismo. Por ejemplo, divergir de las grandes cantidades de “productos” de muchos sistemas escolarizantes que aún siguen un modelo de línea de producción del segundo episodio de la revolución industrial: producir empleados obedientes.

El tema me hizo recordar el humorismo de George Carlin: education and the owners of America.

miércoles, 10 de junio de 2015

Hacer nuestra filosofía

«Si pienso el asunto de manera pausada, me causa un gran asombro que no tengamos, como raza humana, aún respuestas últimas a preguntas tan básicas como ¿de dónde venimos?, ¿qué hacemos aquí?, ¿a dónde vamos?

Desde hace muchos siglos se han intentado aproximaciones a posibles respuestas. El pensamiento científico ha logrado respuestas próximas, pero quizá las respuestas últimas no están a nuestro alcance y las preguntas filosóficas nunca han tenido la intención de tener respuesta sino historia.

Mi perplejidad no es poca al constatar que tal historia —la historia de las preguntas filosóficas y de los sistemas conceptuales para responderlas—, aun con su enorme contenido historiográfico, no resulte suficiente para satisfacer la búsqueda de una brújula que oriente a la sociedad global actual sino que sea indispensable filosofar más sobre las condiciones y circunstancias del hoy para aportar a la realidad del mañana que queremos.» — Comunidad para la indagación filosófica.