domingo, 23 de octubre de 2016

La ciencia y los gremios

¿Cómo escribir buenos artículos científicos?

Claro, los científicos profesionales, así como otros gremios, por ejemplo, los trabajadores del sector magisterial, se organizan como pueden de acuerdo a sus propios intereses. Dados los parámetros del sistema socioeconómico subyacente a este tipo de gremios, un ejercicio profesional autónomo tiene muy limitadas posibilidades de mantener continuidad. Por ejemplo, un gobierno estatal lego e inundado de analfabetismo científico-filosófico no tendría manera de asignar recursos a estos gremios si no contara con los así llamados “sistemas de certificaciones” que los propios gremios administran.

El ciudadano de a pie, parte del público en general cuyos intereses científicos serían insignificantes para un gobierno estatal —y que escucharía las problemáticas mencionadas en este video publicado por una página en Facebook—, interesado en el pensamiento científico, debe tener en claro que los gremios mencionados no están ahí como substituto del esfuerzo personal para auto-cultivarse científica y filosóficamente. Las prioridades de estas organizaciones están en sus propios intereses gremiales y, por definición, la educación científica personal debe dejarse, precisamente, en manos de cada individuo.

En otras palabras, en cuanto a conocer el mundo natural que habita, para desarrollar creencias ciertas justificadas al respecto, el individuo está por su propia cuenta y riesgo y no podrá evitar el esfuerzo individual implicado en una auto-educación científica y filosófica. Preguntas como «¿qué es la ciencia?», «¿qué es el principio de autoridad?», etc., son inevitables para un ciudadano que se prepara para evaluar lo dicho en cualquier publicación gremial y para interpretar por sí mismo la realidad subyacente de un asunto determinado que sea de importancia personal.

Un individuo auto-cultivado e interesado en la ciencia necesita desarrollar sus propias facultades para así poder evaluar, por ejemplo, publicaciones como la siguiente y las aludidas ahí: A deep flaw has been discovered in thousands of neuroscience studies. So why aren’t neuroscientists freaking out?

sábado, 24 de septiembre de 2016

Supuestos filosóficos

¿Qué es un supuesto? ¿Cuáles son las condiciones para que un supuesto sea filosófico?

Darse uno mismo pausas para hacer retrospectiva e intentar levantar la vista para retomar conciencia sobre qué se hace y para qué se hace es un hábito prudente. La potencial mejora de una persona, y de una sociedad, depende de ese hábito. El intento incesante por aprender a pensar por uno mismo exige el esfuerzo por examinar los supuestos sobre los cuales apoyamos nuestra cosmovisión de la realidad. Si alguno de esos supuestos resulta falso, entonces esa cosmovisión podría orientarnos en sentido contrario a la realidad.

¿Será posible que la cosmovisión propia albergue supuestos de los que ni siquiera somos conscientes? ¿Cómo podríamos descubrirlos y examinarlos con plena conciencia?

Recién se publicó el libro intitulado: «La difusión de la filosofía ¿es necesaria?», el cual fue coordinado, entre otros, por Gabriel Vargas Lozano quien fue entrevistado al respecto como se menciona en el artículo: La filosofía, presente en todos los órdenes de la vida: Investigador de la UAM.

¿Está la filosofía presente en todos los órdenes de la vida? Sí, ese parece ser el caso: los supuestos filosóficos están en el fondo de la vida cotidiana de cualquier esfera humana. ¿Cuál significación daremos a ese hecho filosófico?

El gremio magisterial, en el caso del libro recién aludido, propone indagar la pregunta de si es necesaria la difusión de la filosofía. Pero me pregunto si el asunto de fondo es la difusión de la filosofía o lo que en realidad resulta necesario es otra cosa. Dado que, como bien dice José Antonio Chamizo Guerrero: «No hay divulgadores inocentes» (ver la referencia al respecto en el libro recién aludido), la difusión de la filosofía no puede ser otra cosa que la difusión de un conjunto sesgado de filosofías, entonces quizá lo que debe ser difundido con claridad al público no especializado es que lo que resulta necesario en realidad es una mayor destreza para identificar y cuestionar –con mejor tino– los supuestos de la cosmovisión propia, especialmente aquellos que ni siquiera tenemos conciencia.

Asimismo, una de las tareas de la filosofía es irritarnos y provocarnos para tomar mayor conciencia de los supuestos propios y, así, seamos más capaces de cuestionarlos. Por ejemplo, la supuesta relación entre filosofía y escolarización: Filosofía y escuela.

viernes, 16 de septiembre de 2016

Un par de recuerdos

Una introducción al pensamiento crítico Un recuerdo de hace más de seis años: las lecturas y relecturas del texto de Steven D. Schafersman marcó un hito en mi naciente entendimiento de lo que son las ciencias, un hito cuyos efectos perduran aun hoy.

La traducción al español del artículo de Steven D. Schafersman fue parte de mi intento por empezar a entender ese asunto de la ciencia y del pensamiento crítico. Celebro el talento y la generosidad de personas como Steven D. Schafersman, celebro su disposición por el aprendizaje y la autocrítica.

Una introducción a la ciencia – Pensamiento científico y el método científico Otro recuerdo, esta vez de hace casi diez años: otro texto de Steven D. Schafersman y otro hito perdurable. Asimismo, otra traducción como intento por empezar a entender la relación entre ciencia y pensamiento crítico.

Lo relevante es que preguntas como «¿qué es ciencia?» aún sigan abiertas al examen y al interés personal. Así como otras preguntas como «¿qué es religión?», «¿qué es realidad?», «¿qué es verdad?», etc.

domingo, 4 de septiembre de 2016

Taxonomías de objetivos educacionales

Una educación que busque principalmente el desarrollo de las facultades individuales hace bien en indagar las propuestas contemporáneas en el entendimiento del pensar humano y de la estructura del conocimiento. «Conocer» no es algo pasivo, sino un esfuerzo dinámico que demanda empeño y disposición para identificar con claridad las diversas formas que toma la ignorancia propia. El conocimiento ocurre en el individuo como resultado de ese esfuerzo. Las meras opiniones, los datos y la información pueden transmitirse, pero el conocimiento no puede ser transmitido, sino sólo cultivado personalmente en forma de sistemas de valores epistémicos, auto-reflexión crítica y en sistemas para interpretar la realidad. Un ejemplo de juicio derivado de una valoración epistémica: «conocer» no es memorizar datos, sino alcanzar destreza para elegir teorías y prácticas adecuadas según el contexto aplicativo.

Si tal educación tiene metas y objetivos, entonces también suele contar con un esquema o modelo que sirva de guía para lograr esas metas y objetivos. Un modelo propuesto es aquel basado en el grado de dificultad para lograr conocimiento. En tal modelo se propone un sistema jerárquico de clases de objetivos con base en su grado de dificultad. Por ejemplo, un nivel jerárquico muy básico implica objetivos como identificar letras y números, seguido de leer palabras y luego frases e interpretar enunciados orales o escritos. Un ejemplo de objetivo en un nivel muy superior sería lograr expandir los límites de lo conocido a la fecha sobre un tema dado o, otro ejemplo, lograr una sinopsis enciclopédica de todas las teorías justificables sobre la realidad en un campo particular de investigación. Este modelo presupone que los niveles jerárquicos superiores conllevan el máximo grado de dificultad, y es uno de los modelos que han guiado la organización de los gremios magisteriales en las instituciones académicas de docencia tradicional a la fecha. Los niveles jerárquicos de dicho modelo son: recuperar datos, comprensión, aplicación, análisis, síntesis, evaluación. Cada nivel se presupone como requisito para lograr el siguiente.

Uno de los problemas con tal modelo, y que está plenamente reconocido por los investigadores, es que el grado de complejidad no es constante y eso implica que el sistema jerárquico se torne muy problemático para establecer una progresión real de metas y objetivos educacionales. El grado de complejidad de un objetivo tiende a disminuir en función de la familiaridad con el logro de dicho objetivo. Por ejemplo, lograr análisis en un campo es reproducible en otros campos sin necesidad de lograr los objetivos de los otros subniveles en esos otros campos.

Otro de los problemas con ese modelo es la jerarquización forzada de objetivos educacionales; es decir, en los hechos no es cierto que, por ejemplo, lograr una evaluación o una síntesis sólo sea posible después de lograr los subniveles anteriores como prerrequisitos. El modelo falla al intentar encerrar a la realidad en la prescripción propuesta, mientras que un modelo realista, por el contrario, debe intentar describir a la realidad o aproximarse a ella.

Por fortuna, existen alternativas diferentes de este modelo imperante. Por ejemplo, el propuesto por Robert J. Marzano y John S. Kendall en «The New Taxonomy of Educational Objectives 2nd Ed.» Este otro modelo taxonómico también propone un sistema de clases de objetivos, pero sin una jerarquización forzada. Su aproximación a la realidad de la estructura del conocimiento es prometedora pues –entre otros rasgos– implica una espiral ascendente de progresión concéntrica alrededor de las destrezas para cultivar, aplicar y evaluar el conocimiento.

¿Cómo funciona la vida y el mundo?

Corto animado de Tim Minchin's -STORM-

¿Cómo funciona la realidad? ¿Cómo funciona la verdad? Es decir, ¿qué son?

Ahí se asoma la Ontología general, levanta su mano con presteza y exclama ¡Aquí tengo algunas ideas para lo de la realidad y la existencia! Por allá la Epistemología, no sin entusiasmo, también se propone para discutir el asunto de la verdad. Acullá la Religión no tarda en decir, quizá con más firmeza, si te acercas un poco puedo contarte sobre ambas.

Asimismo, ¿cómo funciona, digamos, el Sentido del Humor?, o ¿cómo funciona una ficción literaria, o una comedia? Es decir, ¿qué son? Digo, para no confundir a ninguna de ellas y para evitar tomarlas como algo que no son, lo cual sería un torpe desatino digno de infantes inexpertos y algo muy raro en “adultos bien formados” además, de paso, ¿cómo funciona la ironía y el sarcasmo?

Quizá tomarse el tiempo y el esfuerzo de explorar preguntas que busquen un mayor entendimiento –y no sólo más datos– sobre algún tema de interés tenga como resultado una perspectiva con un número menor de falsos dilemas, o al menos con una mayor claridad de las dimensiones de nuestra propia ignorancia.

Quizá no sea necesario rechazar como falso todo aquello que tan sólo no entendemos aún de manera personal. Algo son, en el fondo, cada una de las Humanidades como la Historia, la Literatura o la Teología, y también lo son las Ciencias, así como las religiones, las astrologías, y todos los fetichismos. Quizá tan sólo sea necesario tener un poco más de sentido autocrítico que sirva para identificar nuestros prejuicios y que sirva como freno para evitar tropezar con un número mayor de nuevas y reforzadas obcecaciones.

Así será posible sacar más provecho de la diversidad de expresiones que tantos miembros de nuestra especie humana hacen por doquier. Por ejemplo, para interpretar con provecho lo expresado por Tim Minchin y hacer una valoración edificante de su destreza como comediante es necesario participar como espectador y saber cómo funciona y qué es una comedia.

sábado, 3 de septiembre de 2016

El sentido crítico: requisito tanto en Ciencias como en Humanidades

El tipo de esfuerzo implicado en «conocer» —a diferencia de sólo «creer»— incluye el duro trabajo de pensar por uno mismo y hacerlo con autocrítica. El esfuerzo científico puede lograr respuestas próximas, provisionales, corregibles y mutables. Las ciencias modernas no están en el negocio de las respuestas últimas, definitivas, incorregibles e inmutables. Por ejemplo, las ciencias no ofrecen pruebas definitivas de nada; tan sólo pueden refutar una teoría en tanto ésta esté planteada científicamente.

Un rasgo de la charlatanería pseudocientífica, que incluso con frecuencia abusa de palabras del lenguaje científico, es que sus teorías carecen de un planteamiento refutable o falsable.

La racionalidad científica es una muy importante clase de racionalidad que podemos –y debemos– ser capaces de distinguir. Por fortuna, hay otros tipos de racionalidad que también están a nuestro alcance para interpretar las realidades a nuestro alrededor —uso el plural de «realidad» pues ésta suele ser múltiple y compleja.

Otras clases de racionalidad son, por ejemplo, la racionalidad poética, la racionalidad afectiva, la racionalidad instrumental, la racionalidad comunicativa, etc.

Si hay variedad de racionalidades entonces hay muchas maneras distintas de tener la razón. La razón acude puntual a donde se le cita, pero no acude en el mismo instante a todas las citas y en todas partes a la vez —como sugiere el principio lógico de no-contradicción. Por lo cual, no es posible tener toda la razón, todo el tiempo, en todos los sentidos y en todo contexto imaginable. Dicho en otras palabras, cualquier opinión tiene garantía de estar equivocada al enfocarse con una racionalidad incompatible.

Pero eso no implica que los extremos del relativismo sean ciertos; es falso que una opinión sea igual y valga lo mismo que la opuesta o distinta. Por el contrario, no todas las opiniones son iguales, hay mucha diferencia entre una mera opinión y un conocimiento confiable. Por ejemplo, ante una herida grave no es lo mismo opinar que sólo se requiere tener fe que, por otro lado, opinar que se necesita tener una fe atinada en el efecto de los antibióticos.

En resumen, la distinción entre mera opinión y conocimiento confiable conlleva el esfuerzo de pensar críticamente; ya sea al indagar la realidad del mundo físico-natural (extra-lingüístico) o ya sea al indagar en las ciencias del espíritu humano; por ejemplo, las ciencias sociales y culturales.

domingo, 14 de agosto de 2016

Un cambio social sustentable

¿A quién debiera buscar para pedirle cuentas del estado de miseria moral y espiritual de esta sociedad? Si todo cambio social perdurable inicia en un cambio personal de opinión entonces podré encontrar al responsable cada vez que mire un espejo de frente. Ahí podré encontrar al responsable, en parte, del estado de miseria moral y espiritual de la sociedad que habito. La facultad de cambiar de opinión, con el tino y el sentido adecuado, es una facultad relacionada con la facultad autocrítica personal. Pero tales facultades permanecen en estado latente mientras no sean desarrolladas de manera explícita y activa. Para lograr un cambio relevante de opinión se requiere un tipo de destreza que con dificultad es parte de la educación tradicional. Por eso es necesario que el individuo tome el asunto de su propia educación en sus propias manos, Educación y autoconocimiento, como medio para dirigir el cambio social hacia algo realmente sustentable.

A veces cambiar de opinión es muy difícil y muy improbable que ocurra rápido, por todo tipo de razones. Pero, regresemos a los básicos y a la autocrítica: ¿tengo la destreza para cambiar de opinión? Es decir, por ejemplo, ¿sabría explicar por qué esa destreza es importante para una persona que quiere llegar a ser adulto? Claro, aquí no hablo de adultez biológica o cronológica, sino de adultez como un estado de conciencia autocrítica.

Según algunas opiniones, regresar a los básicos y buscar mejores y más atinadas preguntas es cosa de niños y de quienes aún desconocen “la verdad” de la vida pues aún no entran en contacto con el firme terreno de “la realidad” en la que viven quienes ya han alcanzado las alturas de las jerarquías sociales, académicas y económicas. Según esas opiniones, hay quienes ya no necesitan regresar a los aspectos básicos de la ciencia ni de la historia y mucho menos de la filosofía.

Pero, me pregunto, ¿no acaso mucho del progreso moral y del avance técnico iniciaron en diversas formas de recreo —crear o producir de nuevo algo. Divertido, alegre, deleite—?

«Cuando madures búscame, estaré en los columpios.»

sábado, 11 de junio de 2016

«género» y «sexo»

Ya son varios los escritores y estudiosos del idioma castellano que escucho decir que el uso de la palabra «género» para indicar el sexo de las personas es un uso incorrecto del idioma. Esos conocedores de la gramática castellana explican que la palabra «género» indica grupos distintos de palabras; por ejemplo, ‘libro’ está en el grupo (o género) masculino, mientras que ‘silla’ pertenece al género femenino. Pero, por otro lado, si se habla de la distinción entre hombres y mujeres entonces la palabra correcta es «sexo». La palabra castellana «género» es un término gramatical, o una categoría artística (en literatura, música, etc.), o un término taxonómico (grupo de especies), pero no tiene relación alguna con el sexo de las personas.

En la cultura anglo-sajona podrán usar la palabra inglesa «gender» para designar el sexo, pero eso cuenta para ellos. En castellano nos equivocamos al decir “igualdad de género” y “violencia de género”, pues lo correcto es decir “igualdad entre los sexos” y “violencia sexista” o “sexismo violento”.

domingo, 5 de junio de 2016

¿Qué es pensar de «manera científica»? — Parte II

Pregunta:

¿Cómo son posibles los juicios sintéticos a priori?

Esta pregunta tiene relación con mi breve nota de hace dos años: ¿Qué es pensar de «manera científica»?

He venido, poco a poco, intentando comprender lo que escribió Kant. El esquema de mi nota anterior ha cambiado conforme voy entendiendo mejor (creo) la clasificación de Kant sobre los juicios. La más reciente versión, a la fecha, de ese esquema es la que presento ahora.

Algo que estoy indagando es una distinción para entender mejor los hechos de la experiencia. La distinción es que los hechos pueden ocurrir en la experiencia externa y también en la interna. Es decir, hay hechos de la experiencia interna y hechos de la experiencia externa. Me parece que David Hume tiene algo que ver con esa distinción y esa distinción me parece prometedora para poder entender mejor lo que escribió Kant al respecto.

¿Se puede lograr alguna seguridad en la correspondencia entre mi experiencia interna y la externa?, pues no se tiene acceso a la experiencia interna de otros para verificarla.” En ese mismo tipo de preguntas ando yo también. Al parecer, no se requiere ninguna seguridad en la correspondencia entre experiencia interna y externa pues, aunque ambas son hechos de la experiencia, son de distinto tipo y no son comparables. También, es cierto, no es posible acceder a la experiencia interna de otros, pero eso no disminuye su calidad como hecho de la experiencia.

Un juicio sintético necesita el apoyo o la garantía de los hechos de la experiencia para predicar algo no contenido en el sujeto; en otras palabras, el origen del predicado son los hechos de la experiencia.

El origen —según Kant, no Hume como antes creía— de tales hechos de la experiencia no sólo es el objeto externo que impacta o determina nuestros sentidos, sino que tal origen también puede ser el sujeto mismo como observador del objeto. Eso que aporta el observador para determinar al objeto externo son hechos de la experiencia interna, y son generales y necesarios por ellos son posibles los juicios sintéticos a priori. Por ejemplo, «la suma de los ángulos interiores de un triángulo es una línea recta.»

Una referencia: La crítica de la razón pura, pt. 3/9

La aportación de Kant como solución a la enconada discordia entre el racionalismo y el empirismo es un hito en la historia de la filosofía occidental. Sin embargo, quizá fue demasiado lejos con la idea del noúmeno y su mundo donde sólo existen espectadores sin acceso a lo real: el noúmeno canceló la posibilidad de encontrar la fórmula de una realidad independiente de espectadores.

Por otro lado, las propuestas sobre el neo-realismo de autores como Markus Gabriel y Mauricio Ferraris son prometedoras para quizá lograr un siguiente hito en la historia de la filosofía occidental al encontrar una síntesis como solución a la discordia entre la metafísica antigua y el constructivismo fenoménico.

sábado, 28 de mayo de 2016

Fanatismo: ¿es algo natural o tan sólo es común?

¿Cómo explicar el fanatismo?

¿Cuál manera de pensar es aquella que tiene como objetivo el logro de una creencia provisional lo más razonada posible y que sirva como base para una acción lo más razonada posible? ¿Será común esa manera de pensar? ¿O lo común es inclinarse a confirmar y defender nuestras creencias, aun hasta el fanatismo? ¿Es lo común rechazar toda evidencia que contradiga nuestras creencias y atacar a aquellos que ofrecen tal evidencia?

¿Por qué es tan poco común cuestionar las creencias y valores propios? ¿Será que cuestionarse es algo anti-natural? ¿Por ser algo tan infrecuente se puede decir que es anti-natural? ¿Cuestionarse va en contra de la naturaleza humana? ¿De dónde viene que lo natural sea quedarse con la suposición de que nuestras creencias son correctas y verdaderas?

Lo que sí tengo en claro es que cuestionarse implica no poco esfuerzo. Por otro lado, también tengo en claro que la ignorancia y la inconciencia se logran con mucha facilidad: simplemente debo seguir la corriente, sin pensar nada ni hacer nada por cuenta propia para desarrollar mi persona. ¿Para qué pensar o hacer algo por mi cuenta si ya alguien más lo pensó por mí y no me faltan “líderes” que con gusto me dictan lo que debo decir y hacer?

Quizá una razón más simple, como la pereza mental, explicaría mejor la situación y no algo tan complicado como la “naturaleza humana”. La pereza mental es un impedimento mayúsculo para cuestionarse y para admitir nuestra falta de certezas.

Cuestionarse ayuda a escapar de la tentación del fanatismo.

¿Cuáles serían algunos rasgos de alguien que sí se cuestiona?

Un rasgo sería que es un explorador, abierto a la diversidad e interesado en ella. Explora en múltiples direcciones, no sólo en una. Por ejemplo, explora hacia atrás: investiga la historia y practica la retrodidácticaretrodidáctica es el arte de auto-reeducarse; es decir, es el cultivo de la conciencia de que muchos aspectos básicos realmente no los dominamos tan bien como nos empeñamos en querer creer.

Otro rasgo es permanecer alerta de las fantasías del gatopardismo (el vicio de ostentar cambios aparentes que distraen la atención de que lo substancial en el fondo permanece sin cambios). Es decir, ese duro trabajo que implica lograr un buen cuestionamiento requiere distinguir entre un cambio aparente y un cambio de fondo. El gatopardismo significa presumir cambios, pero sin decir claramente que esos cambios tan sólo son cambios de apariencia y lo substancial en el fondo permanece sin tocarse. El gatopardismo es una tomadura de pelo que pretende presentar como cambio algo que no es ningún cambio de fondo sino sólo de apariencia. «¡Hemos cambiado!, (pero seguimos igual).»

¿Cómo uno puede saber cuán cerca o lejos está del fanatismo?

Los siguientes rasgos combinados suelen resultar en fanatismo: (1) Suponer, de manera acrítica, que las creencias personales intersubjetivas son siempre correctas y siempre verdaderas. (2) Empeñarse en defender a capa y espada dichas creencias. (3) Nunca cuestionar las creencias propias, siempre bloquear y rechazar toda información que las rebata, e intencionalmente aislarse de tal información.

Tal condición es grave y un tanto peligrosa: rechazar o aislarse de todo aquello que contradiga las creencias propias. Cerrarse por completo a la posibilidad de estar equivocado es una receta para permanecer en la oscuridad del error. Mirar siempre a otro lado cuando sobresale nuestra insuficiencia es escoger el autoengaño.

En algunos libros he leído sobre la disonancia cognitiva. Se refiere a un tipo de dolor o malestar psicológico al considerar dos ideas contradictorias sobre algo personal; por ejemplo, creer que “soy una persona honesta” y al mismo tiempo “mi creencia X es en realidad una mentira”. Ese malestar psicológico viene del peligro de parecerse tanto a una persona demente con grotescas ideas contradictorias y que está absurdamente alejada del firme terreno de la realidad. Para aliviar tal dolor psicológico es necesario eliminar la contradicción. Hay muchas maneras para eliminar la contradicción; algunas son conscientes y otras inconscientes. Por ejemplo, un uso consciente del propio raciocinio podría servir si para entonces el hábito de conocernos a nosotros mismos ya nos permite saber usar nuestro raciocinio. Si tal hábito está ausente, entonces estamos a merced de las maneras inconscientes para aliviar tal dolor psicológico; por ejemplo, la negación automática e inconsciente de una de las dos ideas contradictorias. La idea negada dependerá del sistema de valores de la persona. Por ejemplo, para salvarse del absurdo, la persona automática e inconscientemente niega que su creencia X sea una mentira; es decir, se convence así misma de que X es verdadero y es correcto. Dolor aliviado, asunto resuelto y sin necesidad alguna de mayor atención al respecto.

Al parecer todos tenemos mecanismos automáticos e inconscientes de negación. De ahí la importancia del hábito de cuestionar lo que creo pues nada me garantiza que no estoy muy equivocado aquí y ahora mismo.

De hecho, la frecuente evidencia de mi enorme propensión al error implica que es muy probable que, en alguna medida, muchas de mis creencias a la fecha estén equivocadas. La equivocación y el error están ahí, de eso no hay duda, sólo que aún no tengo conciencia de qué, cómo, cuándo, dónde, y los porqués de mis insuficiencias.

martes, 24 de mayo de 2016

La escuela y el resto de la vida

La habilidad para entender el mundo en que ahora vivimos depende de identificar regularidades o complejas relaciones entre diversos hechos en la sociedad. La relación entre la escuela y el resto de la vida es parte de esas regularidades: “No hay relación entre el éxito en la escuela y en la vida”.

¿No será que el gremio magisterial, como un tipo de secta social, tiene secuestrada a la educación dentro de una cárcel llamada escolarización? Tan enfocados están en conservar su esquema laboral y en “enseñar” a los demás que con frecuencia se olvidan del aprendizaje. La enseñanza es tan sólo un medio hacia lo que realmente importa: el aprendizaje entendido como cambio o mejora de la mentalidad propia.

Decía hace tiempo, en la nota Educarse, que los sistemas educativos institucionalizados se han convertido en un grave obstáculo para la educación de niños y adultos, al igual que las religiones institucionalizadas para el caso de la piedad. Los sistemas educativos institucionalizados, también, han sido una especie de intermediario entre la persona y el tema de estudio. La persona interesada en el tema de estudio ya no puede confiar su educación a los sistemas escolásticos institucionalizados, en su burocracia disfuncional actual. Las personas interesadas deben organizarse para abordar directamente el tema de estudio, sin intermediarios.

La idea de escuela parece estar en exceso ligada al dinero como el más importante medio para lograr una vida digna hoy en día. Un resultado de tal exceso se puede constatar en las miserias de la escolarización que menciono en la nota ¿Sociología de la educación?

Entonces, ¿la escolarización tiene relación directa con la cantidad de dinero que se puede recibir? Veo que así es en muchos lugares y ahí está una de las razones por las que siento un profundo desprecio y repudio al mercantilismo en que se han convertido los sistemas de escolarización. Por otro lado, educación es algo distinto a escolarización y no se mide por la cantidad de genuflexiones ante el Altísimo Señor Dios Todopoderoso Dinero. Educación tiene que ver más con el desarrollo como persona, con el desarrollo de la autoconciencia y con el desarrollo de nuestras facultades más básicas, como nuestra facultad para pensar, para crear, para solidarizarse con otros. Claro, el dividendo que se obtiene de la acción virtuosa es haberla pensado y hecho; nada más. Pero ese mercantilismo ciego y torpe ensalza sólo los dividendos financieros y desdeña todo aquello que no haga ostentación del brillo y del oropel del Dios Dinero.

Por otro lado, claro, no todos incurren en ese mercantilismo escolar ciego y torpe. Lo que importa para algunos es el talento; y los grados escolares significan muy poco o nada. Por ejemplo, la empresa Google no le da mucho peso a los grados escolares: referencia 1, referencia 2 y referencia 3.

sábado, 21 de mayo de 2016

Educación y Estado

¿Debe quedar la educación en manos del poder político aun a riesgo de que sea usada para el dominio de la sociedad?

La pregunta presupone que la educación estaría en manos del poder político, pero lo que está en esas manos no es educación, sino escolarización. Cualquier escolarización –Estatal o no– puede ser usada para el dominio del individuo –que es la unidad básica de una sociedad.

Vamos, que la educación es algo mucho más amplio que sólo escolarización. Como dijo Hans-Georg Gadamer, educación es educarse; es decir, la educación está principalmente en las manos del individuo. Educación es auto-reeducación.

En el arte de cultivar humanos hay variedad de estrategias y sus resultados son igualmente variados. Encausar, i.e., educar, a los jóvenes en un rumbo determinado de pensamiento y práctica parece inevitable pues sería un abuso exigir a un infante mental que piense por sí mismo sin antes darle algún tipo de orientación. El Estado podría encargarse de dar esa orientación inicial al individuo, o podrían ser otros actores en su entorno. Pero esa orientación o adoctrinamiento inicial no es la educación más relevante para el individuo, sino la que está en las manos propias del individuo. En otras palabras, ese encausamiento inicial no es la educación que realmente cuenta para una vida adulta reflexionada, y no importa mucho si ese adoctrinamiento inicial estuvo a cargo del Estado o de otros actores en la sociedad; por otro lado, la educación que sí resulta relevante es la educación que el propio individuo se da a sí mismo.

Hace tiempo escribí una nota con más al respecto: La granja de la cultura.

domingo, 8 de mayo de 2016

¿Cambiar la realidad?

¿Qué buscas joven conciudadano? ¿Buscas un cambio real o sólo uno aparente? Un cambio social empieza con un cambio de opinión a nivel individual. Sin embargo, el punto no es cambiar de opinión por el cambio mismo, sino el hábito de repensar una opinión y reevaluarla a la luz de nuevos hechos.

¿Qué se siente tener una opinión equivocada? Durante el tiempo en que creemos que tal opinión es acertada pues sentimos, claro, que estamos en lo correcto. Por otro lado, sólo al tomar conciencia de nuestra equivocación es que sabemos que todo ese tiempo en realidad estuvimos equivocados. Por tanto, bien puede ser que la opinión de la que hoy estamos tan seguros, en realidad, está equivocada y sólo hemos perdido tiempo al demorar el cambio pertinente de opinión.

No encuentro ninguna fórmula mágica para lograr cambios reales ni tengo una solución definitiva pues, al igual que muchos, apenas estoy tomando conciencia de mi estado de profundo analfabetismo científico-filosófico. He completado no pocos grados en el sistema escolar establecido tradicional, pero quizá eso haya contribuido en gran medida a dicho estado. Me refiero en específico al estado en que una persona no sabe cómo reevaluar y cómo repensar sus propias opiniones, sino que tan sólo copia y repite acríticamente opiniones de otros.

Tan sólo puedo sugerir que lo tomes con mucha calma antes de saltar a conclusiones de manera apresurada. Si antes decides tomarte todo el tiempo que necesites para pensar bien las cosas, quizá puedas encontrar algún punto medio del cual partir para luego reexaminarlo con el mismo detalle y esmero de una persona auto-cultivada. Si decides no ser un borrego o esbirro de una u otra secta social, sino que decides ser un ciudadano cosmopolita, entonces podrías dedicar tus facultades básicas –como tu facultad de pensar con mayor claridad y precisión– a diseñar una estrategia de acción propia, y no sólo rendir tu libertad de conciencia a los pies de algún charlatán de pacotilla que se auto-denomine “líder” —quienquiera que sea.

Por favor toma en cuenta que aprender a pensar con mayor claridad y precisión es también una acción, que requiere mucho trabajo y dedicación, y que quizá sea la acción más importante para la cual una persona deba buscar destreza.

Termino con una reflexión: si sólo alcanzamos modelos de la realidad, y nunca a la realidad misma, entonces una opinión podrá ser correcta sólo dentro de los límites de su propio modelo contextual. ¿Habrá una opinión absoluta y sin referencia a contexto alguno? Si la respuesta es no, entonces mejorar o cambiar una opinión dependería de interpretar la realidad con un modelo contextual diferente. En otras palabras, si el cambio de opinión intenta ocurrir dentro del mismo modelo, entonces ese cambio tan sólo es una forma de gatopardismo —«¡Cambiamos!, para quedar igual».

«Nunca cambias una situación al oponerte a la realidad existente. Para cambiar algo, construye un modelo nuevo que haga obsoleto al modelo existente.» —R. Buckminster Fuller

domingo, 24 de abril de 2016

¿Qué es la democracia?

http://dle.rae.es/democracia

¿Qué es la democracia? Muy importante y pertinente pregunta. Para tomar en serio el asunto —aquí también, como en religión, ciencias, historia, etc.— conviene revaluar nuestras nociones en el asunto pues de otro modo no sería posible lograr cada vez un mejor entendimiento de conceptos políticos.

La democracia depende del gobierno de los ciudadanos, el pueblo, los representantes del pueblo, los miembros de una sociedad. Por tanto, la función o la disfunción de una democracia dependerán de si tales saben y pueden, de hecho, gobernar. No faltan quienes afirmar saber y poder hacerlo, pero en los hechos su acción política se reduce a la administración de la escasez pública y de la bonanza privada (una plutocracia). Entonces, ¿saben y pueden gobernar una democracia o no? Si no, entonces no es democracia.

Claro, hay muchos tipos de democracia. Quizá un ingrediente, entre muchos, para pasar de una democracia representativa hacia una democracia participativa es esa revaluación personal de nuestras nociones en el asunto. Así podríamos dejar el juego que jugamos al llamar democracia a lo que resulta, en los hechos, tan sólo una plutocracia simulada. Ese ingrediente incluye encarar el hecho de que para llegar a saber y poder gobernar es necesario empezar a nivel personal: ¿cómo es posible gobernar a otro si uno es incapaz de gobernarse a sí mismo?, ¿cómo regir, mandar, guiar y dirigir a otro si uno es incapaz de reconocer y repensar nociones previas sobre el asunto?

¿Cuáles deben ser los límites de una democracia funcional? ¿No acaso la decisión democrática de ejecutar a Sócrates, en la Grecia antigua, es un ejemplo de una democracia disfuncional?

Por último, si una democracia implica igualdad de derechos individuales, también implica igualdad de obligaciones individuales.

sábado, 13 de febrero de 2016

Yo soy muy práctico

—Yo soy muy práctico.

—¿Qué quieres decir?

—Pues que soy muy orientado a la acción inmediata y que no desperdicio tiempo pensando más allá de lo primero que me llega a la mente.

—Comprendo. ¿Nunca te preguntas si eso podría hacerte cometer errores graves?

—Eso no me hace falta. He logrado mucho en la vida y seguro se debe a que soy muy práctico.

—¿Seguro?

—Sí. Yo soy muy práctico.

—Tanta seguridad es algo raro, ¿nunca has tenido al menos un poco de escrúpulo?

—Al contrario, lo común es estar muy seguro de lo que uno piensa y hace. Entre más seguridad demuestro más apantallo a los demás y provoco que las cosas sucedan como yo las veo. ¡Así es como funciona el mundo! Yo soy muy práctico.

—No dudo que, en parte, el mundo “funciona” de esa manera —si al estado del mundo actual lo llamas “funcionar”—. Pero a lo que tú llamas “práctico” a mí me suena casi como negligencia. Si te miras, podrás ver a alguien con facultades naturales, eres inteligente y una persona sensata; además, no eres un caso desesperado pues sí tienes recursos económicos, acceso a la lectura y a medios de información. ¿Por qué, entonces, eliges un proceder descuidado y basado en el pensamiento unidimensional?

—¡Patrañas! Me haces perder mi tiempo. Hasta nunca. Yo soy muy práctico.

domingo, 31 de enero de 2016

¿Virtud epistémica?

«No estoy tan cegado como para suponer que puedo dar una respuesta satisfactoria.»

Si pienso en alguna pregunta relevante, entonces la proposición anterior queda antepuesta a cualquier aproximación de mi parte al tema de la pregunta.

Ya lo dijo aquel: lo que conocemos es una gota, lo que desconocemos es un océano.

Tanto es así que quien se satisfaga con una sola respuesta quizá comete un error, un vicio, un tropiezo por la ceguera de la soberbia intelectual.

¿Cómo tomar conciencia de ese vicio? ¿Es posible evitarlo? ¿Qué es y cómo puede intentarse una virtud epistémica?

Para iniciar un proyecto en epistemología de la virtud sería necesario primero tomar más conciencia de mis límites y mis insuficiencias en un tema dado; es decir, de mi ceguera al respecto.